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“Aukiñ: Protegiendo los sonidos de la tierra en la crisis climática” es una investigación colaborativa entre el músico e investigador mapuche Jaime Cuyanao y la doctora en geografía estadounidense Sarah Kelly, que pone en valor los sonidos de los ayekawe (instrumentos mapuche) y su vínculo con el territorio.
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La ponencia y performance se realizó el miércoles 21 de octubre en el Hopkins Center for the Arts de Dartmouth College, ante cerca de 100 personas de distintas edades y procedencias, entre integrantes de la comunidad universitaria de New Hampshire y Vermont.
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A través de registros audiovisuales, sonoros y fotográficos, junto con instrumentos mapuche llevados desde Wallmapu, la presentación vinculó la importancia cultural y espiritual de los ayekawe con los impactos sociales, económicos y ecológicos del modelo forestal en territorio mapuche.
Santiago de Chile, octubre de 2026.- “Aukiñ: Protegiendo los sonidos de la tierra en la crisis climática” fue una de las expresiones resultantes de la investigación desarrollada durante los últimos dos años por el músico e investigador mapuche Jaime Cuyanao, y la investigadora y profesora en geografía, encargada de la Clínica de Justicia energética en Dartmouth College, Sarah Kelly. La propuesta reunió investigación artística y geográfica para explorar los vínculos entre los sonidos de la naturaleza, las prácticas culturales mapuche y las transformaciones que experimentan los territorios a raíz del hidro extractivismo (concepto acuñado por Sarah Kelly en su investigación) asociado al modelo forestal, entre otras industrias como las hidroeléctricas, pisciculturas, minería e inmobiliarias.
La presentación visibilizó cómo la explotación forestal repercute en los cursos de agua, los ecosistemas y las formas de vida de las comunidades, afectando también las condiciones materiales y territoriales que sostienen diversas prácticas culturales. Desde esta perspectiva, los sonidos de los ayekawe (instrumentos mapuche vinculados a la espiritualidad y a distintos espacios ceremoniales) permitieron aproximarse a una relación con la naturaleza que está lejos de considerarla un recurso económico.
Realizada en el Hopkins Center for the Arts de Dartmouth College, en Estados Unidos, la ponencia y performance convocó a cerca de 100 personas en una experiencia donde registros audiovisuales y sonoros dialogaron con instrumentos y materiales reunidos durante el trabajo de investigación en Wallmapu, territorio mapuche. La combinación de estos elementos propició un encuentro entre arte y ciencia, en el que las sonoridades de los instrumentos se relacionaron con imágenes de territorios afectados por las plantaciones forestales.
SONIDOS DEL TERRITORIO
La investigación contempló un recorrido por Santiago y distintos puntos de Wallmapu para conocer a personas que elaboran ayekawe y reconocer los saberes, las materialidades y las prácticas que participan en su construcción. Muchos de estos instrumentos se fabrican con materiales vivos provenientes del bosque nativo, en un entorno cuya relación con la naturaleza es fundamental para la espiritualidad y las prácticas culturales del Pueblo Mapuche.
Jaime Cuyanao destacó la respuesta de las personas asistentes y la capacidad de la música para generar una conexión sensible con la problemática territorial: “Quedé muy satisfecho porque logramos tocar la fibra de las personas a través de la música y de los instrumentos mapuche. Partimos mostrando imágenes de territorios rodeados por forestales y monocultivos, y contrastamos esas escenas con los sonidos de los ayekawe. Después de la presentación, mucha gente se acercó a preguntar por los instrumentos, sus sonoridades y materialidades. Creo que logramos generar sensibilidad frente a lo que está pasando en Chile con las forestales”, señaló.
Durante la presentación se compartieron instrumentos provenientes de los territorios visitados durante la investigación y elaborados por cultores mapuche. Entre ellos se encontraba un kultrung confeccionado por el chachay José Cayuqueo, del territorio pewenche de Icalma; una trutruka fabricada por Alejandro Pinda en Maipú, territorio pikunche; y muestras vinculadas al trabajo de Hugo Cayuqueo, de Peñalolén. Estos instrumentos acercaron a las y los asistentes a las sonoridades y materialidades originales que forman parte de la investigación.
El trabajo de Jaime Cuyanao abordó las características sonoras y materiales de los ayekawe, así como las transformaciones y amenazas que enfrentan en un contexto de deterioro ambiental y presión extractiva sobre los territorios. La presentación también incorporó contenidos de su reciente trabajo musical Kiñewküleiñ, un registro discográfico que recopila sonidos de diferentes instrumentos en ceremonias mapuche.
HIDRO EXTRACTIVISMO FORESTAL: UNA PROBLEMÁTICA QUE TRASCIENDE FRONTERAS
Desde la perspectiva geográfica, Sarah Kelly abordó los impactos sociales, económicos y ecológicos del modelo forestal, a partir de una investigación sobre hidro extractivismo y de su trabajo en terreno con comunidades mapuche-williche en torno a la protección del agua. La ponencia incluyó registros audiovisuales del agua en territorio williche, que dialogaron con los instrumentos y las imágenes compartidas durante el encuentro.
La presentación puso atención en las consecuencias de la expansión forestal sobre los recursos hídricos y los ecosistemas, en territorios donde la escasez de agua, los incendios forestales y los aluviones asociados a lluvias intensas forman parte de un escenario de creciente vulnerabilidad ambiental. A través del diálogo entre datos geográficos, registros territoriales y sonoridades ancestrales, ambas perspectivas permitieron relacionar estas transformaciones con las condiciones que hacen posible la continuidad de las prácticas culturales.
Para Sarah Kelly, la convocatoria y el encuentro entre disciplinas dieron especial sentido a la experiencia: “Llegaron cerca de 100 personas de distintos lugares y edades. Fue muy lindo reunir el arte y la ciencia, y presentar la inteligencia ancestral mapuche de los instrumentos en la cuna de la inteligencia artificial, dejando que los instrumentos hablaran por sí solos. Desde ahí pudimos abrir una conversación sobre el modelo forestal, el funcionamiento de las transnacionales y la necesidad de defender el bosque nativo, tanto en Wallmapu como aquí, en New Hampshire y Vermont. Los árboles nativos y los ríos son nuestra infraestructura más importante”, reflexionó.
La presentación adquirió un sentido especial en Dartmouth College, institución vinculada a los orígenes históricos de la inteligencia artificial como campo de investigación. En ese espacio, la propuesta puso en diálogo conocimientos ancestrales, prácticas artísticas y registros territoriales, invitando a reflexionar sobre el valor de los saberes situados y de los sonidos que nacen de una relación viva con la naturaleza, en un momento en que la crisis climática interpela las formas en que las sociedades comprenden y habitan el mundo.
UNA EXPERIENCIA DE ESCUCHA COMPARTIDA
La actividad se desarrolló como una experiencia interactiva en torno al sonido. Las y los asistentes pudieron acercarse a registros sonoros y audiovisuales, junto con una selección de imágenes fotográficas producidas durante la investigación. La muestra incluyó distintos instrumentos y soportes, generando un espacio de escucha y observación que permitió reconocer los vínculos entre sus procesos de elaboración, las prácticas culturales y los territorios de los que forman parte.
Entre los instrumentos presentados se encontraban pifülka, trutruka, kultrung, ñolkin, kaskawilla y kull kull. Tras la actividad, las preguntas y conversaciones en torno a sus sonoridades, materialidades y vínculos con la espiritualidad mapuche prolongaron el encuentro más allá de la presentación.
Más que documentar sonidos, “Aukiñ: Protegiendo los sonidos de la tierra en la crisis climática” propuso escuchar las relaciones que los hacen posibles: el agua, el bosque nativo, los saberes de quienes elaboran los instrumentos y las prácticas culturales que los mantienen vivos. Desde el encuentro entre arte y geografía, la investigación invitó a reconocer que proteger los sonidos de la tierra también implica atender las condiciones ecológicas, territoriales y culturales que permiten su continuidad.
